
En los sitemas escalvistas más puros y, por ende, menos dulcificados, había esclavos que gozaban de la confianza de los amos y hacían la función de capataces. Gozaban de ciertos privilegios; incluso en épocas más modernas, se les alfabetizaba. Eran unos auténticos tiranos que no pertenecían a la clase dominante y habían renegado de la dominada.
Esto sigue ocurriendo en la actualidad. En muchas empresas quien realiza funciones de organización y mando no es el tipo con más diplomacia, ni con don de gentes, sino el más déspota, ya que su actitud se traduce en efectividad comercial... a costa de tener bajo la bota a sus antiguos compañeros, o a otros que son como él ha sido.
En empresas menos rudas de lo que se puede inferir por la descripción anterior, estos esclavos-déspotas son unos finolis, unos estirados desdeñosos que no han llegado, seguramente sólo por cuestión de alcurnia, a pertenecer a la misma clase que sus jefes. Éstos contimuamente humillan a otros aún más "inferiores", incluso a clientes a quienes consideran indignos de entrar en el palacio del que son simples guardianes.
Cambian los tiempos, pero los sentimientos del hombre y sus actitudes, perduran. No cambiarán jamás