
Lo único positivo de esta aventura casquiana es que FAC se ha llevado con él a parte de los más carcas y cafres que estaban en el PP. No a todos, pues los más listos de entre ellos sabían que tendrían que volver con el rabo entre las piernas o difuminarse en el ostracismo. Poco a poco, es seguro que muchos de los casquistas intenten regresar al Partido Padre. Sería bueno que no les dejasen. La condición, primero de candidato y luego de presidente, han descubierto, a la mayoría de los ciudadanos, un Cascos inepto, burdo, intransigente y cerril. Es el mismo que ocupó la Vicepresidencia del Gobierno de España y el Ministerio de Fomento, el mismo que decía que no había problemas económicos porque la gente cada vez pagaba más por los pisos, el mismo, que preocupantemente, fue elegido Presidente de Asturias y que no volvió a serlo por su propia necedad. El fenómeno de Cascos, pese a irse ya a tomar vientos, debiera servir, a modo de vacuna, para bloquear a los adalides e iluminados que se creen Cristo entre los mercaderes del Templo.




